lunes, 10 de enero de 2011

Cruz Y Ortiz

Contextualización e Ideología de Cruz y Ortiz
La arquitectura de la modernidad clásica produjo, comparativamente, pocas obras en España. Sin embargo, la arquitectura española contemporánea hunde sus raíces en la modernidad clásica más profundamente que otros países. Existen dos motivos fundamentales: por un lado, la modernidad que llegó a España con retraso, pudo recoger los frutos de su rica cosecha arquitectónica solo a partir de la segunda mitad de la dictadura de Franco; por otro, la arquitectura española está más marcada por tradiciones regionales que en otros países, por lo que, a diferencia del “estilo internacional” dominante fuera de España, la modernidad pudo prolongarse sin excesivos quebrantos.
Los arquitectos españoles sometieron la modernidad a una revisión crítica y de mayor profundidad que sus colegas europeos. Ésta se sustentó en la visión de las escuelas de arquitectura de Sevilla y Madrid, donde estudiaron los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz.
Decir que la arquitectura está relacionada con muchas otras disciplinas es tan evidente como cierto. Las otras artes visuales, las técnicas constructivas, los problemas urbanos o medioambientales, los conflictos sociales y las circunstancias económicas encuentran un punto de confluencia en la arquitectura, por lo que el arquitecto se ve continuamente obligado a evaluar el impacto que cada una de estas variables tendrá sobre su producto final.
Este carácter mediatizado que constituye la característica principal de la arquitectura, es a su vez el origen de buena parte de sus problemas. Así, tantas veces, uno de los aspectos citados aparece sobredimensionado y no es raro encontrar arquitecturas que privilegian alguno de los puntos del espectro. Por solo mencionar, algunos la historia del lugar, los aspectos técnicos o estructurales, la asimilación a lo urbano y al paisaje han casi monopolizado en diferentes periodos buena parte de la producción arquitectónica durante nuestra carrera como arquitectos.
Sin embargo, es nuestra convicción que la arquitectura solo alcanza sus mejores momentos cuando prevalece su carácter sintético: el éxito vendría garantizado por la coincidencia entre forma, construcción y uso, es decir, se trataría de, a través de la síntesis exacta de todas las otras disciplinas, a alcanzar finalmente una realidad distinta e independiente.
Para Cruz y Ortiz como arquitectos, alcanzar ese valor unitario ha sido siempre su principal ambición como consecuencia de su respeto por la capacidad integradora y sintética de la arquitectura. La mayoría de sus proyectos consiste en la persecución de ese momento en el que confusión y ambigüedad quedan al margen y las soluciones parecen tan inevitables como elegantes.
En 1988, Rafael Moneo terminaba la presentación de la obra de Antonio Cruz y Antonio Ortiz preguntándose si serían “capaces de mantener la vigencia de sus principios en esta nueva etapa de su carrera, en esta nueva serie de proyectos en los que la escala cambia al pasar decididamente de la esfera de lo privado a la de lo público”. Hoy, observando las realizaciones de estos años, se puede decir que este cambio de escala ha enriquecido el trabajo de Cruz y Ortiz con nuevos significados y casi les ha impuesto una mayor precisión, un mayor rigor y una mayor seguridad.
La nueva escala urbana de las intervenciones y los encargos de reestructuración de edificios existentes han favorecido también el proceso de articulación y descomposición del tipo edificatorio tradicional en sus componentes, llevando a Cruz y Ortiz a una valoración de elementos generalmente considerados secundarios. Ya en los primeros edificios de viviendas en Sevilla, el tipo edificatorio era casi disuelto en la brillante manipulación de dos elementos: el patio y la fachada, tratada ésta cada vez de manera diversa, ya complaciéndose en una recuperación de la tradición local. El espacio del patio, lejos de asumir una configuración geométrica fija, se adaptaba cada vez a las presiones de las casas de alrededor y de las diversas viviendas de una manera provechosamente impura que no disminuía el rigor conceptual.
Esta idea de mescolanza y de proximidad encuentra una particular manera de expresarse en los proyectos de adaptación de edificios existentes, como el Archivo Histórico-Provincial de Sevilla o en el Museo de Cádiz. El trabajo de reacondicionamiento, en un caso, y de adición y extensión en el otro, confirman la capacidad de Cruz y Ortiz de efectuar profundas transformaciones operando por consonancia con lo existente, a través de un lenguaje que se va haciendo cada vez más seco y sobrio, y que volvemos a encontrar en las viviendas de Madrid y en la Estación de Sevilla.
Es en estos proyectos de escala urbana donde aparece más claro el proceso de reducción y profundización de los elementos del proyecto y al mismo tiempo, de manipulación tipológica.

Proyectos
·         Santa Justa
La zona elegida para la nueva estación central de viajeros de Sevilla, a pesar de encontrarse relativamente próxima al centro de la ciudad, permanecía prácticamente sin urbanizar. Diversos factores, entre ellos la existencia de una estación de mercancías, habían preservado una gran bolsa de terreno donde se construye actualmente la nueva estación.
La nueva estación va a actuar como factor desencadenante de la reconversión de toda esta zona, actualmente baldía, en un área con intensa actividad urbana. Este proceso se verá también favorecido por los enlaces que se construyen sobre el nuevo trazado del ferrocarril y que unirán partes de la ciudad próximas, pero actualmente incomunicadas.
Por todo esto consideramos necesario, y en cierta forma previa al proyecto realizar la ordenación completa de la gran manzana en la que entre otras cosas, estaba prevista la construcción de la estación del edificio en sí, realizar la ordenación completa de la gran manzana en la que entre otras cosas, estaba prevista la construcción de la estación. A tal fin, se proyectó una edificación de tres plantas de altura y profundidad media de 25 metros que ocupa la casi totalidad del perímetro de esta manzana. Haciendo esto atendíamos a fines diversos. En primer lugar, garantizar a la estación un entorno adecuado y sensiblemente homogéneo, proporcionando al viajero un primer término presumiblemente más ordenado que las áreas que el Plan General propone alrededor, aún por edificar y cuyo resultado, incluso en el mejor de los casos, siempre resultará aleatorio y discontinuo. De otra parte, la edificación perimetral, cuyos materiales y carácter tendrán relación con los del edificio principal de la estación, lejos de aislarlo del resto de la ciudad, supondrán de hecho una ampliación del mismo, informando y caracterizando toda la manzana. Están ya redactados los Proyectos de Ejecución de las oficinas de Renfe, la marquesina de espera de autobuses urbanos y un edificio de oficinas y viviendas promovido por el Ayuntamiento, con lo que la mayor parte del perímetro de esta gran manzana va a seguir compartiendo con la estación ciertas características que permitirá,, en un plazo no largo, contar con un ámbito adecuado para el edificio principal y con un amplio sector de la ciudad, caracterizado por la presencia de la estación.
En el interior de la manzana se han proyectado dos amplias zonas laterales ajardinadas que albergan los aparcamientos y las circulaciones de vehículos que generarán tanto la estación como las edificaciones perimetrales.
Ante la cabeza de la estación se disponen el acceso principal de viajeros, espera y parada de taxis, y la marquesina donde se prevén las paradas de autobuses, tanto urbanos como especiales para recogida de grupos de viajeros.
El edificio se presenta como una estación término. El mejor esquema funcional que este tipo de estaciones proporciona, y el hecho de que una vez pasada la estación los trenes entren en un túnel y atraviesen así la ciudad hacia el sur.
El hall es una gran sala prismática, limitada de la zona de trenes por los ascensores y en la que se ha puesto gran cuidado en la iluminación natural, preocupación ésta general en todo el desarrollo del trabajo, tal como podrá apreciarse en las secciones.
A la misma cota, lateralmente al haz de vías. Se han dispuesto las salas de espera, junto a las galerías laterales conectadas con el sistema de acceso a los andenes. Unos porches o galerías exteriores duplican las circulaciones, permitiendo el acceso directo de los viajeros a un punto determinado, o bien, la salida rápida de aquéllos que lo deseen.
Ya en esta planta se sitúan unas zonas comerciales que se sitúan tangencialmente a los recorridos de los viajeros, tanto para no entorpecerlos como para evitar la apariencia de centro comercial y preservar el carácter ferroviario del edificio.
En cotas superiores se han dispuesto otras zonas comerciales, siguiendo la tendencia de que las estaciones se conviertan en focos de actividad dentro de la ciudad, pero evitando que la actividad comercial secuestre el carácter y la apariencia del edificio.
 En el patio de andenes se han proyectado unas cubiertas ligeras y de luces moderadas, capaces de cubrir una amplia zona de andenes y proporcionando la adecuada comodidad a los usuarios, Son seis naves de sección apuntada, con apoyos en cada andén y arcos metálicos, con cubrición de paneles sándwich metálicos. La iluminación se produce sobre los andenes donde unas celosías metálicas bajo los lucernarios derraman la luz hacia el interior, contribuyendo a la impresión buscada de naves independientes yuxtapuestas.
En la proximidad del hall, la cubierta se eleva, iluminándose desde lo alto, proponiendo un sentido de movimiento y llegada del que todo el edificio se participa, en la convicción de que son estos grandes edificios públicos quienes deben hacer explícito su funcionamiento.
En cuanto a los materiales utilizados, se ha recurrido a aquellos que garanticen la durabilidad deseada.

·         Baluarte de la candelaria
Lo que hoy se conoce en  Cádiz por Baluarte de la Candelaria es un conjunto de edificaciones de origen militar construidas en distintos momentos de los siglos XVIII y XIX. Las edificaciones existentes, una vez modificadas, van a albergar al Museo del Mar de la ciudad de Cádiz.
Estas edificaciones, que se encontraban en un estado de abandono, eran de varios tipos. De una parte, dos edificaciones de carácter y construcción similares separaban el baluarte del resto de la ciudad. De otra, sobre el borde de la muralla que defiende la ciudad del mar, se había construido en el siglo pasado una batería cubierta a fin de proteger las piezas de artillería. La cubierta de esta edificación es accesible por una rampa. El conjunto delimitaba un recinto en cuyo interior se encontraba una tercera edificación independiente de las anteriores, el cuerpo de guardia.
El plan general proponía, conectar la Alameda Almirante Apodaca con el  Paseo Carlos III a través de la parte alta del baluarte, permitiendo recorrer el perímetro murado de la ciudad. Se dio respuesta a este requerimiento proyectando un doble cerramiento que permite tanto el recorrido exterior público como la incorporación al Museo de parte alta del Baluarte, según los horarios o según el uso que parezca más aconsejable en el futuro.
 El conjunto deberá acoger al Museo del Mar de la ciudad de Cádiz. Dicho museo contará, además de las salas de exposiciones que le son propias con las siguientes dependencias: conserjería, administración y biblioteca, dirección, sala de restauración y almacén. El pabellón derecho y las casamatas se dedican a zonas de exposición. En el pabellón izquierdo, siempre desde la entrada, se ubican la entrada y conserjería, una zona de exposiciones, el almacén y zona de restauración, y el gran zaguán que comunica el exterior con el recorrido alto del baluarte. Ambos pabellones sufren modificaciones en sus fachadas, donde se abren algunos huecos actualmente cegados, precisos ahora para dotar de iluminación natural a los usos albergados. El pabellón derecho sufre interiormente una cierta reordenación, con eliminación de muros residuales de la anterior edificación que fue modificada y envuelta por la existente, proporcionando una amplia zona de exposiciones adecuada por su altura para acoger piezas de tamaño considerable. Otros deben ser los elementos que se expongan en las casamatas, que por su ajustado tamaño se adecuan mejor a la contemplación de elementos menores, modelos o cartas marítimas.
Otros usos más específicos, como son la biblioteca y archivo de documentación, la administración y el despacho del director, se sitúan en el edificio del cuerpo de guardia.
No se estimó suficiente una simple restauración de los edificios existentes para cumplir el programa solicitado, y entendimos que resolver el problema de comunicar a cubierta las distintas edificaciones existentes podría ser el origen de un fuerte cambio del carácter del patio, tanto más conveniente al producirse una radical modificación del uso del edificio como es el caso. A través de estas operaciones, se organiza todo el conjunto incorporando un nuevo orden que se superpone a la arbitrariedad con que las edificaciones parecían estar dispuestas.
 Estas galerías, construidas en mármol y hormigón blando con carpinterías de madera y vidrio, se yuxtaponen a los edificios existentes y, de otra parte, hacen de la vegetación y de las de la nueva imagen que el Museo debe ofrecer a la ciudad transparencias que se producen el argumento de la nueva imagen que el Museo debe ofrecer a la ciudad.

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